miércoles, 21 de febrero de 2018

Cataluces y andalanes

Cataluces y andalanes, cien por ciento,
en el viento de dos pájaros a tiro,                remolino de canciones, versos, giro,
como Sanchos sin molinos ni jumento.      Caballeros bien andantes, andalanes, descendientes de aquel siglo de las luces, caminantes con caminos, cataluces,
dividiéndose los peces y los panes.
A dos voces la canción canta dos veces,
contendientes de un partido de ajedreces
por el lúdico tablero de la vida.
Par de reyes, dos por uno, falta envido, 
contra todo desencanto del olvido,
la canción está servida. ©

Del libro Llevarás en la piel.
Recitado en Radio UAI
Publicado en el Foro de Sabina.

Abril

Ella busca en abril la primavera
cuando él la quería,
ardida en el solsticio de la hoguera,
a fuerza de incendiarse cada día.
Antigua pasajera
de un tiempo que la hiere todavía,
no encuentra en otra boca la manera
de arder con un arresto de porfía.
Y cobarde se miente,
desierta en el tumulto de la gente
que la mira pasar desangelada.
Mariposa de amor inoportuna,
en el cuarto creciente de la luna
que ya no alumbra nada. ©

Del libro Oceanario.
Dibujo: Jorgelina Gretz.
Recitado en Radio UAI.

martes, 20 de febrero de 2018

Amantes ilegales

Quiera usted que le robe algún beso
y le ofrezca galante la mano,
que le toque la cola (del piano),
sepa usted disculpar tal exceso.
Que me talle su nombre en el hueso
con anuencia de recto escribano,
que le robe un abril al verano,
aunque en julio, tal vez, vaya preso.
Que la esconda detrás de la puerta
cuando lleguen "visitas legales",
con algún argumento difuso,
y se quede a dormir encubierta,
como musa de versos florales
en la cama de amor de este muso ©

Del libro Oceanario.

Pintura: Giorgia Kapetanaki.
Recitado en Radio UAI.

Plegaria

Así en la tierra como en tus senos,
patria redonda de la alegría,
jazmín del aire, soles morenos,
pezón del sueño del alma mía.
Hora tras hora, día por día,
tazón de almíbar y sabia, llenos,

Venus del alba, miel de ambrosía,
así en la tierra como en tus senos.
Cielo fecundo, rito profano,

rojo verano
de desenfrenos;
plural delicia, jirón de arena,
doble milagro de luna llena,
así en la tierra como en tus senos. ©


Del libro De diluvios y andenes.
Fotografía: Marat Safín.

domingo, 18 de febrero de 2018

Bautizo

Mi boca (que te supo ver desnuda),
bebió del paraíso de tu fuente,
oceánica de sed en la nocturna
hoguera de tu vientre.
Pacífica de besos y fecunda

rondó tu delgadez de espiga verde
y en el surco de roja agricultura
vertió su manantial de miel silvestre.
Con humo de sahumerios 
grabó las iniciales de mi nombre

sobre tu piel ardida
y espesa de humedades y de aliento,
igual que un dios insomne
te bautizó con agua de saliva. ©


Del libro Llevarás en la piel.
Fotografía: Anna Morosini.

Una mujer


"Me duele una mujer en todo el cuerpo" (JLB)

Una mujer sucede, se hace carne
al trajín de mis manos
y en el breve segundo de ese instante
se alinean las promesas y los astros.
Ligera como el aire,
ocurre como ocurren los milagros,
para saciar los límites del hambre
y la roja vigilia de los labios.
Acaso una mujer (y tu lo sepas),
antiguo corazón de luna y viento,
de sándalo y espuma,
me libre del rumor de esta tristeza
que duele en todo el cuerpo,
lo mismo que el anuncio de la lluvia. ©

Del libro Oceanario.
Fotografía; Anna Morosini. 

sábado, 17 de febrero de 2018

Diluviarte

A cuenta del rigor del hambre mío
te tomo por sorpresa
y tizno de oro y sal tu desvarío
de impúdica princesa.
Silvestre y torrentoso regadío,
con sed de sangre expresa,
comando el ajetreo de tu río
que mana su cosecha más espesa.
Diluvio que mi boca determina
licor de agua divina
que bebo con la prisa del viajero
rendido que descansa.
Mujer dominical de lluvia mansa
yo soy el portavoz de tu aguacero. ©

Del libro Oceanario.
Fotografía: Fabrizia Milla.

Modales

En plan dominical de ceremonia
urdían la liturgia de los besos,
el rojo sortilegio de las bocas
y el ínfimo ritual de cada gesto.
Sabían simplemente de memoria
arder, en castidad, a fuego lento,
al paso religioso de las horas
y a modo de evangelio.
Modales aprendidos en el tiempo,
relámpagos y pompas
de fina santidad y magisterio.
En íntima lectura de las normas,
como lobos hambrientos

al amparo nocturno de las sombras. ©

Del libro Llevarás en la piel.
Ilustración: Nicoletta.

viernes, 16 de febrero de 2018

Obituario

Rondó su piel como un ladrón novato,
discreto de modales, noche y día,
en terca ceremonia de arrebato
y en celo de jauría.  
Oculto en la tiniebla, como un gato  
de incierta compañía,  
sin orden ni cautela ni recato,  
igual que un mandamiento de porfía.  
Ella, ciega de ver pasión tan obvia,
jugando a ser la novia 
sin marido,  
mudó de corazón y vecindario 
dejando el obituario
de su olvido. ©

Del libro Llevarás en la piel.
Fotografía: Anna Morosini.

Empeño

Para que no vuelvas
tiznaré el costado de la luna blanca,
callaré tu nombre, borraré las huellas,
mudaré la casa;
para que no puedas retomar la senda
quitaré del aire señales y marcas,
fundiré las llaves de todas las puertas,
cerraré ventanas;
para no buscarte, como un niño a ciegas,
me ataré las manos con hilos de plata
y nudos de seda;
para deshacerme de tu boca en llamas,
del amor en celo, de la sangre en vela,
quemaré la barca. ©

Del libro De diluvios y andenes.
Fotografía: Carlos Casellas. ©

Ni siquiera la lluvia

"Nadie, ni siquiera la lluvia, tiene manos tan pequeñas"  (E.E. Cummings)

Una nube se cierne en tus ojos,
torrencial de tristeza,
que parece calarte tan hondo
como un fino cuchillo de seda.
Te diluvias sin mí (sin nosotros),
con empeño de lágrimas negras,
en el pulso final de un otoño
que no tiene respuestas.
Yo te quise decir que mañana
otro amor se pondrá un traje nuevo,
pero hay algo en tu voz que se nubla.
Evangelio de oscuras palabras
que no logran salvar el silencio.
(Y eres tan parecida a la lluvia). ©

Del libro Oceanario.
Fotografía: Anna Morosini.

jueves, 15 de febrero de 2018

Nunca

Ella adquiere la forma de su pena
y se vuelve tan ínfima y tan fina
que en su cama de sombras se adivina
un insomnio de sábanas de arena.
Parece, mar adentro, una sirena
de nocturna tristeza submarina,
erecta como el filo de una espina
que sangra y que gangrena.
Afónica de voz lo nombra tanto
que el río de su llanto
estalla en un volcán de dicha trunca.
En cortejo de lágrimas y besos
se sienta en el umbral de los regresos.
Pero él no vuelve nunca. ©

Del libro de poemas Oceanario.
Fotografía: David Hamilton.

Vestal

Se desnudó de piel, arquitectura
de fina platería
y nunca entre mis brazos fue tan mía
librada al bacanal de la locura.
Vestal, novicia oscura
en laica procesión de letanía,
hoguera de los labios y herejía
de arder con santidad de quemadura.
Y fuimos la indecencia sin decoro
y el oro
de la carne impenitente.
Dos náufragos rodando por el suelo,
girón de mar y cielo,
allí donde nos lleve la corriente.

Del libro Oceanario.
Fotografía: Fabrizia Milla.

"Una Luna había"

Hoy toca cuento (será que es tarde y anochezco niño)

La Luna del cuento “Una Luna había”
con tercos modales de luna porfiada,
brillaba de ausencia por la madrugada,
plateaba de día.
Caprichos de niña, groseras manías,
crecía en menguante, redonda y dorada,
y cuando tocaba luz inmaculada,
Luna se escondía.
El sol indignado llamó al sindicato
blandiendo en las manos un rojo contrato
de letras en llamas:
—¿Donde está la Luna?, preguntó furioso
y el ángel del alba, le dijo dichoso,
dormida en mi cama” ©

Del libro Llevarás en la piel.
De los tiempos de la Página de Sabina para mi querida Luna.

miércoles, 14 de febrero de 2018

Espejismo

Una mujer en lluvia derramada
(con amante desgano),
se tumba en el solsticio de mi mano
lo mismo que una flor abandonada.
Desnuda y delicada,
en obsceno ritual de amor profano,
estalla como un lirio de verano
que tizna de pudor la madrugada.
¿Será que lo soñé o ha sido incierto
este idilio de haberla descubierto
parada en el extremo del abismo?
No hay registro de piel que la recuerde
y la estela de luz del beso verde
acaso sólo fuera un espejismo. ©

Del libro Oceanario.
Fotografía: Fabrizia Milla.